Vida silvestre y humanidad

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Cuando de biodiversidad se trata, Colombia es un país que destaca: el más rico en diversidad de aves y anfibios, el segundo más rico en peces dulceacuícolas y angiospermas (plantas con flores), el tercero en reptiles y se lleva el quinto lugar en riqueza de mamíferos (Andrade, 2011; Rangel-Ch, 2015); sin embargo, las cifras de biodiversidad siguen variando a medida que conocemos mejor nuestro territorio, cobrando importancia la intervención de la humanidad para poder coexistir con ella.

Al hablar de biodiversidad no podemos desligarlo de la vida silvestre, porque es toda ella la que respalda los títulos que poseemos como país megadiverso. Pero ¿qué es vida silvestre?, guacamayas, monos, tigrillos, tucanes, serpientes y águilas, son algunos ejemplos que se nos vienen a la mente cuando pensamos en definirla, pero no nos olvidemos de la flora, porque también es parte de lo que somos: robles, encenillos, morichales, orquídeas, frailejones y magnolias son sólo algunos exponentes.

Siendo el humano nómada tuvo constante relación con esa vida silvestre, incluso fue parte de esta misma en algún momento de la historia. Primero como cazadores y recolectores hubo manejo y cultivo de especies silvestres, lo que permitía un aprovechamiento adecuado y demostraba una relación estrecha con el bosque (Gutiérrez, 2003). Al establecernos en un terreno el manejo de la fauna y flora cambia y los procesos de extracción presentan una transición en donde la domesticación de especies juega un papel fundamental.

Así, las especies silvestres han sido primordiales en la humanidad en cuanto a alimentación y medicina, pero culturalmente también han jugado un papel importante. Las comunidades indígenas frecuentemente han representado a sus deidades con figuras de animales reconociendo en ellos algunas de sus virtudes; ese es el caso del gallinazo, considerado como un ser extraordinario que tenía cuerpo humano y que era mensajero entre dioses y humanos en la cultura Maya (Ibañez & Iannacone, 2011). También está el caso del jaguar considerado en grupos paleoindios amazónicos un ser sobrenatural, con elementos asociados a la fuerza y agudeza de un cazador (Castaño-Uribe et al., 2016).

Hoy en día esta relación es muy distinta, gallinazos y jaguares son perseguidos sin tener en cuenta su importante rol en la naturaleza y a además se han incrementado las actividades nocivas del ser humano en los ecosistemas que soportan su propia vida creando desbalances que alteran de manera temporal o definitiva ecosistemas completos. Lo anterior se presenta debido a que actualmente hay una desconexión general entre el hombre moderno y la naturaleza generando la alteración de nuestra relación con la vida silvestre al buscar un confort inmediato sin medir las consecuencias nocivas a largo plazo.

El panorama actual de nuestra relación con la vida silvestre ha cambiado notablemente, y definir esta relación necesariamente nos conduce a palabras tales como deforestación, contaminación, tráfico ilegal, aprovechamiento no sostenible, entre otras. Con el paso de los años el calentamiento global y la perdida acelerada de la biodiversidad ligada a la sexta extinción masiva en la historia del planeta tierra, nos hace querer reflexionar respecto a nuestra relación más actual con la vida silvestre y es que no es secreto el hecho de que estamos acelerando este proceso. Con estos sucesos otras palabras empiezan a tomar fuerza: biofilia, reciclaje, protección a ecosistemas y bienestar animal; la pandemia actual debido al COVID-19 nos hace un nuevo llamado y resuena con energía el concepto de “una salud”, que en términos de Paul Raad, médico veterinario de la Universidad de la República Uruguay, es un concepto que entiende el bienestar animal y de los ecosistemas como el propio bienestar humano (Bibo, 2020).

Ya hemos mencionado algunos ejemplos del inicio y de los acontecimientos en las últimas décadas de nuestra historia con la vida silvestre, ahora rescataremos un ejemplo de los esfuerzos en los últimos años para redimirnos y repensar nuestra manera de concebir nuestro entorno. Actualmente en Colombia y Latinoamérica existen varios proyectos que buscan una coexistencia real entre humanos y vida silvestre (Payán et al, 2015; Castaño-Uribe et al, 2016; HSUS, 2020).

Uno de los más importantes ejemplos es nuestro proyecto del Bioparque La Reserva, administrado por una fundación sin ánimo de lucro, que busca mitigar a través de la educación el impacto humano, dándonos la oportunidad de reconectarnos con la vida silvestre. Las acciones de conservación, uso sostenible y bienestar animal son frecuentes en la Fundación Bioparque La Reserva, dándonos ejemplos y así mismo un camino a seguir para proteger la vida silvestre de nuestro entorno.  Allí los visitantes entienden su rol con la conservación de la biodiversidad a través de experiencias únicas que educan para cambiar actitudes y comportamientos sobre todos los temas ambientales. El Bioparque La Reserva es un referente internacional como herramienta en el llamado a la acción a recuperar el balance entre salud animal, ecosistémica y humana.

Es hora de volver a considerar a la naturaleza como parte fundamental y soporte de nuestra vida, entendiendo que del mantenimiento de su equilibrio dependemos todos. Para poder actuar hay que conocer, por lo cual la vida silvestre presente en el Bioparque La Reserva nos da una enorme posibilidad de reconocer los ecosistemas de Colombia, así como su fauna y flora ayudándonos a dar el primer paso para ser partícipes de nuestra reconciliación con la naturaleza.