Gobernanza del agua, un problema poco fotogénico

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Muchas imágenes quedarán en nuestra memoria ambiental de 2019. Quedará la de Greta Thunberg, la niña sueca convertida en símbolo de la lucha para detener la crisis climática, parada en la esquina de una sala de Naciones Unidas mirando furiosa cuando irrumpe Donald Trump con su altanería y negacionismo. 

Asimismo, la del indómito río Cauca casi seco tras el cierre de las compuertas en Hidroituango; de la selva amazónica en Brasil ardiendo en llamas, y de la Basílica de San Marcos de Venecia, naufragando por una inusual marea alta. Quedarán también los rostros de líderes amenazados a lo largo y ancho del país por intentar proteger sus territorios. 

Lamentablemente hay otros problemas ambientales que discurren en silencio, que impactan directamente la vida de todos, pero que no son igual de fotogénicos, no quedan atrapados en imágenes capaces de sacudir conciencias. Uno de ellos es, sin duda, el riesgo de las cuencas y microcuencas de todo Colombia. 

La campaña Bibo 2019 fue una apuesta por eso. Por hacer visible un problema generalmente opacado entre tantas urgencias ambientales. Colombia, a pesar de toda su larga y rica tradición en legislación ambiental, aún no descubre el camino correcto para proteger y gobernar una de sus mayores riquezas ecológicas: el 5 % del agua dulce del mundo fluye por nuestro territorio. 

El “Estudio Nacional del Agua” del Ideam señala que, pese a esta riqueza hídrica, 391 municipios son susceptibles de desabastecimiento en el territorio nacional. En los “Encuentros por el agua”, organizados por Bibo en Bucaramanga, Medellín,Manizales, y Cúcuta, esa vulnerabilidad se hizo evidente en los testimonios y las reflexiones de todos los participantes. 

En Bucaramanga, por ejemplo, se hizo patente la importancia de cuidar la cuenca del Alto Lebrija, encargada de abastecer de agua a esta ciudad y su área metropolitana. Si no se hace, cerca de 1,2 millones de personas estarán en alto riesgo de desabastecimiento hídrico.

Por su parte, en Medellín, las voces de la academia, líderes sociales, empresas, corporaciones regionales y representantes del Gobierno coincidieron en que, si no se fortalece la gobernanza de las cuencas Porce y Nare, la región más pujante de Colombia estará en riesgo. 

Y en el departamento de Caldas, si no se recupera y fortalece la gobernanza sobre el río La Miel, los 6.000 habitantes del municipio de Norcasia se quedarían sin agua y de paso colapsaría el embalse Amaní, donde está instalada la quinta central eléctrica con mayor capacidad del país, Miel I de Isagén, que genera, en promedio, 396 megavatios.

Estos son apenas tres ejemplos de una situación que se replica por todo el país. Esta revista Bibo es una invitación a repasar y repensar un problema que corre silencioso entre nosotros, difícil de fotografiar en toda su magnitud, pero que determinará la suerte de las futuras generaciones.

Fidel Cano

Director de El Espectador