Santurbán, entre amenazas y esperanzas

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Mientras la ANLA estudia si otorga o niega la licencia ambiental a la compañía Minesa, varias organizaciones y empresas se han unido para darles una alternativa de vida al páramo y a sus habitantes. 

Han pasado ocho años desde las primeras marchas que exigían proteger el páramo de Santurbán. En 2011, los santandereanos se enteraron de las intenciones de la empresa Grey Star, luego Eco Oro y hoy son las de la compañía Minesa, de explotar nueve millones de onzas de minerales en el mismo lugar donde nace y corre montaña abajo el agua que abastece al menos a dos millones de personas. 

¿Qué pasó durante estos ocho años? Más marchas, tutelas, discusiones, foros, estudios, análisis… Siete ministros de Ambiente sin que ninguno encontrara la solución. Y un largo y desgastante proceso de licenciamiento ambiental que aún sigue sin resolverse.

Mientras el futuro de este ecosistema vital para los santandereanos sigue en suspenso hasta que se pronuncie definitivamente la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA), la esperanza ha comenzado a emerger por otro lado. Organizaciones civiles, entidades gubernamentales locales, empresas y líderes sociales han tejido una alianza: el Fondo de Agua Alianza Biocuenca, que construyó el proyecto Mi Páramo para proteger este ecosistema de la mano de sus habitantes. La Cooperación Suiza, Cooperación Alemana, Corponor, Good Stuff International, la Cancillería, el Acueducto de Bucaramanga, la Universidad de Pamplona y la Universidad de los Andes forman parte de la iniciativa. 

En octubre de este año todos los miembros de la alianza recibieron una buena noticia. Bavaria, que es parte del fondo, decidió llevar a un nivel más alto su compromiso con el páramo y anunció el lanzamiento de Zalva, una nueva marca de agua embotellada en recipientes de plástico 100 % reciclado, que comenzó a ser distribuida en todo el país y permitirá apalancar recursos para reinvertirlos en la estrategia de conservación del páramo y la alta montaña.

“Tenemos que hacer algo urgente y ambicioso”, dijo Marcel Regis, presidente de Bavaria, durante la presentación de la estrategia. “En el siglo pasado las empresas que pasaron a la historia fueron aquellas que lograron consolidarse financieramente en el mercado. Este siglo será diferente. Solo serán exitosas las que sean capaces de generar valor social y ambiental, a la vez que se sostienen económicamente”. El cálculo que ha hecho la empresa es que por cada botella vendida podrán proteger un metro cuadrado de páramo.

Hasta ahora el proyecto Mi Páramo ha permitido intervenir 3.600 hectáreas de páramo y alta montaña (de las 40.000 en las que se podría trabajar) junto a 500 familias campesinas involucradas en el proceso y más de 200.000 árboles sembrados. El dinero que se recaude con Zalva permitirá sostener y expandir este esfuerzo. 

Andrea Yáñez, gerente del Fondo de Agua Alianza Biocuenca, está convencida de que Mi Páramo, con el respaldo de Zalva, puede mitigar el conflicto ambiental y social en torno al páramo de Santurbán, porque parte de entender las necesidades de la comunidad. “Si no se crean mecanismos que garanticen que las personas que viven ahí mejoren ingresos y tengan una vida digna, cualquier intento de conservación ambiental va a resultar fallido”, comentó Yáñez. De ahí el valor y el éxito que ella ha visto en este caso. La construcción de planes de acción “predio a predio”, considerando las necesidades de cada familia, ha permitido avanzar rápidamente.

“Queremos seguir extendiendo este proyecto a otros páramos en Colombia que están en riesgo. Esa es nuestra meta y dependerá en gran medida del apoyo de los colombianos”, aseguró Carolina García, gerente de sostenibilidad de Bavaria. Cerca de tres millones de hectáreas en Colombia corresponden a ecosistemas de páramo: 1,4 % de la superficie terrestre del país.