Los verdaderos guardianes de los ecosistemas de agua dulce

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Figuras de protección

Involucrar a las comunidades en las decisiones relacionadas con su territorio, a través de procesos de formación política y ciudadana, es tan importante como establecer figuras de conservación en áreas estratégicas. Los siguientes casos demuestran por qué las poblaciones locales son esenciales a la hora de proteger los recursos naturales.

En 1971, 18 países firmaron la Convención Ramsar -llamada así porque se realizó en la ciudad iraní que lleva este nombre- con el propósito de promover la conservación y uso racional de humedales estratégicos en todo el mundo. Esto incluye: ríos, lagos, oasis y humedales costeros, como arrecifes coralinos, zonas de manglar, entre otros.

Hoy, esta Convención cuenta con la mayor red de áreas dedicadas a la conservación en el mundo entero; solo en las últimas dos décadas se han designado internacionalmente casi 110 millones de hectáreas de humedales, un área equivalente a dos veces el tamaño de un país como España.

Los humedales, sin embargo, siguen siendo poco valorados a pesar de la gran biodiversidad y servicios que le proporcionan al ser humano. Por una parte, son una fuente esencial de agua dulce y el hogar del 40 % de las especies del mundo. Además, más de mil millones de personas dependen de ellos directamente para su sustento y cumplen un papel muy importante en la lucha contra el cambio climático, porque absorben y almacenan carbono de forma natural.

Las turberas, por ejemplo, son un tipo de humedal que guardan el 30 % del carbono del suelo del planeta, más que los bosques. Pero las amenazas son latentes: en menos de 50 años el mundo ha perdido el 35 % de sus humedales y desde 2000 la tasa de pérdida solo ha ido en aumento.

Desde 1998, Colombia está en la lista de los 170 países que forman parte de la Convención. Hoy cuenta con 12 humedales designados como sitios Ramsar, es decir, lugares reconocidos internacionalmente porque sus características biológicas y culturales son de gran importancia para la humanidad. Estos sitios ocupan un área total de 1’870.281 hectáreas en el país, y es importante resaltar que el 69 % ha sido promovido con apoyo de WWF.

Podría decirse, sin embargo, que el éxito de esta figura de protección está en el plan que se establece para su conservación y uso sostenible: los planes de manejo. Todos los sitios Ramsar necesitan este conjunto de acciones definidas de manera participativa con el fin de mantener la sostenibilidad ambiental, social y cultural del ambiente acuático en consideración. Y es en este proceso en el que las comunidades deben ser protagonistas.

Al final son ellas las que hacen uso directo de los recursos naturales, bienes y servicios que les proporcionan estos ecosistemas y quienes pueden mejorar sus prácticas para garantizar su aprovechamiento sostenible. De esto depende alcanzar acuerdos realmente efectivos en los territorios.

La Amazonia y Orinoquia también protegen el agua

En 2018, Colombia sumó dos nuevos sitios a la lista de humedales de importancia internacional de la Convención de Ramsar: Lagos de Tarapoto, en la Amazonia colombiana, y el río Bita, ubicado en el departamento de Vichada, en la región de la Orinoquia. Los dos son lugares imponentes y de gran diversidad en los que actualmente se adelanta la formulación de los planes de manejo.

El complejo de humedales Lagos de Tarapoto, con 45.464 hectáreas, es el hogar de 1.600 especies de fauna y flora, y uno de los refugios más importantes de los delfines de río (Inia geoffrensis y Sotalia fluviatilis) y de otras especies en riesgo. Esta zona, ubicada en el resguardo indígena Ticoya, es el sustento pesquero de 22 pueblos ancestrales que durante generaciones han dependido de la pesca y, más recientemente, del turismo.

Con ellas, precisamente, se construye el plan de manejo que busca consolidar el proceso de ordenación pesquera que viene apoyando WWF, la Fundación Omacha y el Instituto Sinchi con pescadores locales para un uso más responsable de este recurso, a través del programa Amazonas Norte.

El río Bita, por otro lado, es el sitio Ramsar más grande del país (824.536 hectáreas) y uno de los afluentes mejor conservados a escala nacional. En su recorrido, que supera los 6.000 kilómetros hasta su desembocadura en el río Orinoco, este afluente alberga especies icónicas como el pavón (Cichla spp.), las rayas (Potamotrygon spp.), la arawana azul (Osteoglossum ferreirai) y la tortuga charapa (Podonecmis spp.) Pero, como el resto de la Orinoquia, el Bita no es ajeno a las amenazas como el desarrollo de grandes proyectos agroindustriales, sobre todo en caso de que estos no tomen suficientes medidas para ser ecológicamente sostenibles.

A un año de su designación como sitio Ramsar ya existen algunas estrategias, como el anuncio de un corredor biológico de más de 200.000 hectáreas para la protección de dantas, pumas y jaguares, así como acuerdos de conservación y manejo de estas especies y sus hábitats, producciones forestales sostenibles y la prevención y el manejo de incendios son algunas de las estrategias del plan de manejo que ya se adelanta en la región*.

Estos procesos permitirán la conservación de la cuenca del Bita y son un ejemplo claro de un espacio de diálogo entre múltiples actores (empresarios, propietarios de fincas ganaderas, pescadores, organizaciones no gubernamentales, academia y comunidades campesinas, además de autoridades ambientales, territoriales y pesqueras) en el que el rol y la opinión de todos los participantes son valorados.

*El plan de manejo es liderado por la Fundación Omacha, la Fundación Orinoquia, Resnatur, Ecolmod y otros aliados estratégicos con recursos del Acuerdo para la Conservación de Bosques Tropicales (TFCA).

Los guardianes de la Estrella Fluvial Inírida (EFI)

La Estrella Fluvial Inírida es un ecosistema excepcional. Allí, en la capital del departamento de Guainía y la parte sur del departamento de Vichada, se encuentra el corazón de una región de paisajes majestuosos y biodiversidad única, donde los ríos Guaviare, Inírida, Atabapo y Ventuari se unen para formar el gran Orinoco, uno de los ríos más largos de Suramérica. En esta región conviven, al menos, 17 comunidades indígenas y campesinas, así como cerca de 2.000 especies de flora y fauna.

Debido a esta riqueza tan particular en aguas, especies, culturas indígenas y a los servicios únicos que proveen sus ecosistemas, la Estrella fue designada como sitio Ramsar en 2014. En total son 250.159 hectáreas amparadas bajo esta figura, en la que pueden mantenerse actividades ancestrales, como la pesca, cacería y agricultura para el consumo de las poblaciones locales y donde están prohibidas acciones que amenacen su sostenibilidad, como la minería a gran escala o grandes construcciones de infraestructura.

¿Y quiénes vigilan que estos compromisos se cumplan? Las comunidades. Durante un año, 45 líderes indígenas y campesinos participaron en un proceso de fortalecimiento de capacidades, en el que además de formarse en temas como ordenamiento pesquero, formación política y ciudadana, y medios de vida sostenibles (ecoturismo y ganadería sostenible), identificaron las problemáticas relacionadas con el sitio Ramsar.

Lo que siguió constituye el verdadero éxito de este proceso: las comunidades construyeron una serie de propuestas sobre los desafíos identificados y las presentaron en el Conversatorio de Ación Ciudadana -un mecanismo de participación legal que convoca a las autoridades para atender y resolver diferentes problemáticas de tipo ambiental- implementado por WWF. Estos fueron atendidos por 15 instituciones regionales y nacionales y, posteriormente, se convirtieron en 24 acuerdos que hoy les permiten hacer un uso sostenible de esta zona.