CLUB DE CIENCIA

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Maximiliano Alzate, un maestro que cambia la educación tradicional por una educación de futuro Esa inquietud de Maximiliano Alzate, ingeniero químico, docente del Colegio Rodrigo Lara Bonilla, de la localidad 19 de Ciudad Bolívar, de no seguir al pie de la letra el currículo tradicional y realizar sus clases solo con tablero y tiza lo llevó a planear su formación pedagógica a partir de la convivencia de lo que los estudiantes tenían a su alcance. No es un profesor convencional, ni siquiera en sus comienzos, hace más de dos décadas, cuando llegó a Ciudad Bolívar para ser docente de ciencias. No conocía esta localidad, por eso se propuso indagar sobre el contexto de sus estudiantes, que en esa época provenían en su mayoría del campo, desplazados por la violencia y que se ubicaron en las faldas de la montaña, cerca del relleno sanitario Doña Juana.

Fue así que inició un club de ciencia, donde empezó a transmitirles a sus pupilos los derechos ambientales, al notar que en esta localidad confluyen los impactos ambientales por el relleno de Doña Juana, y así aparece “La carta a la tierra”, que trae elementos y objetivos claros para trabajar en la parte ambiental.

Al principio, el club de ciencia comenzó a levantar ampollas entre los docentes y resistencias en algunos sectores y por eso, el profe Max, como le llaman sus estudiantes, creó el Proyecto Ambiental Escolar y a buscar el respaldo de los comités locales de educación ambiental, con el fin de crear una red ambiental con algunos colegios de Bogotá. Y por ahí arrancaron el profe Max y sus estudiantes en su proyecto: sembraron árboles cerca a la Quebrada Lima, que queda a cuadra y media del colegio, y a integrarse cada vez más a las reuniones ambientales donde estaban el Departamento Técnico Administrativo del Medio Ambiente (Dama), el Acueducto, Aseo Capital, Policía, Bomberos, quienes se asombraban de ver a un profesor con sus estudiantes preocupados por el tema ambiental y el cuidado  y protección de las ranas en la localidad la cual cuenta con 70% rural y donde nuestros campesinos vienen cultivando durante muchas décadas, pero nunca preocupados por las ranas (libis labiales), que son el control biológico de los sancudos e insectos que se producen en los espejos de agua en ciudad Bolívar.

Para ganar visibilidad era necesario y para que los tomaran en serio, el profe Max y sus pupilos llevaban evidencias de su trabajo, con argumentos de peso y fue así como se ganaron un puesto en este comité y a que fueran escuchadas sus voces.

Pero no sólo se quedó con esto. Este docente tiene un programa de expedicionarios de ciencia, con los cuales asisten cada año a diversos eventos para conocer el impacto del cambio climático en nuestro país y se empeñaron este año en que algunos jóvenes asistieran a la Cumbre de Cambio Climático en Francia, pero no tuvieron suerte. Pero eso no los amilana, al contrario, los impulsa a seguir trabajando en este esfuerzo. Era necesario colocar en contexto los anfibios en un currículo de ciencias naturales y educación ambiental por fuera del contexto real de las necesidades de la localidad y es donde habitan mis estudiantes por eso se viene  trabajando por más de 10 años en buscar como vincular la realidad de  los estudiantes y que aportar a la sociedad, la ciudad el país y el planeta Tierra y era cuidar y proteger nuestras ranas, por lo tanto trabajo de campo cada fin de semana en la recolección de huevos y renacuajos para llevarlos a un ambiente donde podíamos garantizar su evolución celular hasta que alcanzaran 2,4 gramos y poderlas colocar de nuevo en su hábitat de donde las habíamos sacado, por eso hasta el día de hoy podemos dar un parte de satisfacción de haber colocado y salvado la vida a más de 6.000 ranas en los espejos de ciudad Bolívar, continuamos con nuestro proyecto con mucho compromiso desde los estudiantes, padres de familia y sobre todo las comunidades que habitan allí con tantas necesidades pero que ahora están comprometidas con la vida de las ranas.

El profe Max también cuenta entre sus proyectos con un mini museo con especies nativas, arañas tarántulas, ranas; así como una finquita en Anolaima, donde tienen un herbario que les sirve para analizar las modificaciones que ha traído el cambio climático en este clima de bosque húmedo. Así mismo, cuentan con proyectos pedagógicos productivos como por ejemplo los cultivos de baba de caracol, y proyectos con niños ambientalistas para crear conciencia en que la quebrada no es sinónimo de basurero. En este tema de conciencia, el profe recuerda una anécdota con un niño quien llevó este concepto a su casa, pero su tía no le hizo caso y echó un colchón viejo a la quebrada. “Ante esto, sacamos el colchón y se lo pusimos en la puerta de la casa de la tía con un moño de regalo para generar esa conciencia. Claro que después los recolectores de basura se lo llevaron”, dice jocosamente Maximiliano. Ese es el propósito que tiene el profe Max, que desde pequeños los niños se formen como ciudadanos ambientales. “El concepto de ser ciudadano ambiental es que a mí me duela mi ciudad. Si todos los bogotanos hicieran eso, sería mejor”.

Cuando se genera la cultura del cuidado y protección de los anfibios en un colegio urbano donde lo más importante es llenar los niños y jóvenes con datos sin coherencia y colocamos RANEANDO RANEANDO EN CIUDAD BOLIVAR LAS CUIDAMOS Y LAS PROTEGEMOS nos encontramos con tantas historias de amor y sentido de pertenencia a la vida que es tan frágil para la preservación de especies.

Ese ADN que el profe Max le ha impregnado a sus estudiantes, en algunos de ellos ha dado fruto: un 25% de ellos ha seguido su gusto por la parte ambiental y actualmente están estudiando ingeniería ambiental y saneamiento ambiental, y otras carreras afines. Y también han nacido hijos de la investigación, como el programa radial “Chicas por la naturaleza, que se transmite por la emisora local ojoradio.com.co, y allí las jóvenes hablan de temas ambientales los viernes; en tanto que los miércoles transmiten “Ciudad Bolívar mira hacia las estrellas” y los jueves, “Ciudad Bolívar habla del cambio climático”. Su pasión por lo ambiental se le nota por el brillo de sus ojos cuando habla de cada uno de los proyectos que ha impulsado. Para él, la pasión por lo que hace es lo que lo distingue. “No soy un profesor taxímetro, es decir, que solo aporto mi tiempo por lo que me van a pagar. No, para mí la docencia es ir más allá, de no tener en cuenta horarios y dar lo mejor de nosotros para que nuestros estudiantes tengan conciencia de que tenemos que cuidar nuestro planeta”, señala. Frutos cosechados COLEGIO: Rodrigo Lara Bonilla PROFESOR: Maximiliano Alzate ÁREA: Ciencias naturales Y remata: “El currículo no tiene que ser metódico, empiezo por diferentes puntos y voy articulando los temas para generar mayor conocimiento en mis alumnos. Por ello, tenemos que generar más dinámica en la escuela”.

“Si a los chicos se les enseña a aprender a escuchar la naturaleza, a cuidar las ranas y los espejos de agua, hemos dado un paso para que se respeten los derechos humanos y la democracia, que en últimas resume el PEI (Proyecto Educativo Institucional) del Colegio Rodrigo Lara Bonilla”.

“Esto ha sido un proyecto muy relevante, nos conocen por el nuevo modelo educativo más interactivo, donde el chico siente que el colegio es su casa, aquí aprende, goza, y siente que se le tiene en cuenta y que se generan espacios de participación”, digo con orgullo el profe Max.